Caccia il Cacciatore
      Los daños y las crueldades

En Italia son asesinados al menos 100 millones de animales al año, la mayor parte aves de varias especies, pero también liebres, jabalíes, ciervos, corzos, gamos. Cien millones de animales muertos por diversión.
 

Caza Furtiva

La caza furtiva en Italia está muy difundida, prohibida pero tolerada como "tradición popular". Se usan "ballestas", trampas de lazos, redes verticales donde las aves quedan atrapadas y mueren por inanición después de días de agonía.

Algunos datos: durante los años 2000 y 2001 la LAC (Liga de Abolición de la Caza) ha recogido y destruído en total más de 30.000 ballestas, 450 redes y liberado a cientos de aves (petirrojos, acentores comunes, tordos, mirlos, carboneros, herrerillos, etc.).
Los principales campos contra la caza furtiva se desarrollan en los valles brescianos (de septiembre a diciembre), donde son comunes ballestas, trampas de cepo en las que las aves quedan atrapadas por las patas, a menudo amputándoselas y muriendo desangradas; en Cerdeña donde los cazadores furtivos utilizan trampas de lazos, puestas en las ramas de madroño, donde las aves al posarse se ahorcan. Aquí en el 2001 la LAC ha llevado a cabo la triste recogida record de más de 13.000 trampas.

Las Islas Pontinas y Chipre, donde el fenómeno es más preocupante y en expansión sobre todo en primavera y durante los períodos de emigración, son otras zonas de intervención de la LAC.

Las ballestas

Las ballestas son trampas para la captura de pequeñas aves. Son muy usadas en los valles de brescianos Tompia, Sabbia, Camonica, en el Bergamasco y en algunas zonas del Véneto y del Friul no obstante sean explícitamente prohibidas por la ley desde hace muchos años.
 
Los cazadores furtivos las realizan con ramas de avellano, curvadas en forma de herradura, mortal dispositivo dispuesto a dispararse en cuanto un pequeño pájaro se pose encima. Frutos de serbal, que de esta manera toma el nombre de "serval de los cazadores de aves", atraen sobre todo petirrojos, pero también pinzones, currucas, verdinegros, picogordos, pinzones reales, carboneros, herrerillos, reyezuelos, mosquiteros comunes.
 
No es posible calcular cuantas son las ballestas que cada otoño con la llegada de las pequeñas aves migratorias los cazadores furtivos colocan en los bosques y en los claros de las vastas zonas del norte de Italia: probablemente millones. Muchos valles alpinos están infestados.

Las aves capturadas por las patas quedan colgadas horas hasta agonizar, con los tarsos rotos por el arco, sin esperanza de salvación. La "polenta e osei", tradicional plato de la cocina véneta y no sólo, alimenta el mercado clandestino de pequeñas aves capturadas ilegalmente.
 

La caza de aves con redes y trampas

La caza de aves con redes y trampas es sin embargo una actividad admitida, siempre que no se capturen animales pertenecientes a especies no aptas para la caza. Sólo en Lombardía, de 30.000 cazadores hay 10.000 cabañas fijas, donde los cazadores juegan al tiro al blanco contra las aves, de cualquier especie, usando a menudo otras aves prisioneras como cebos vivos.
 
Estas aves son capturadas y tenidas siempre prisioneras en jaulas pequeñísimas, son desplumadas para provocar el cambio de plumas fuera de la temporada : cuando las plumas vuelven a crecer, el ave, tenida siempre en un sótano oscuro durante todo el verano, cree que es primavera , y emite llamadas hacia sus compañeros. Un pinzón en el mercato ilegal, puede costar hasta 100 euros.

Introducción de animales en el territorio

La "repoblación" es una práctica que de más de una forma ayuda a los cazadores.
 
Por una parte, les consiente continuar cazando aunque en la naturaleza no quede nada más que cazar: se crían aves y liebres en crías hechas para esto, animales domésticos que viven en jaulas toda la vida, y que después se dejan libres pocas semanas antes del exterminio por parte de los cazadores. Animales "preparados para la caza", como son definidos por muchas partes.
 
Por otro lado, la repoblación de ciertas partes con jabalíes y corzos domésticos, que son más prolíficos que los animales domésticos, hace que aumenten los daños a los cultivos, y que los cazadores sean llamados causando estragos para "reestablecer el equilibrio". Equilibrio dañado por la misma repoblación. El concepto de "animales en sobre número"está ausente de significado: el número de animales que nacen y alcanzan la edad adulta está determinado, en la naturaleza, por la "capacidad portante", que está influenciada por el espacio y el alimento disponible. Matar animales no resuelve "el problema", los que quedan se vuelven más prolíficos, o tienen más posibilidades de alcazar la edad adulta. Así en breve tiempo se alcanza el mismo número inicial.
 

Daños al ambiente

No obstante se consideren "grandes ambientalistas", y digan que aman la naturaleza, los cazadores son dañinos tanto para los animales como para el ambiente. Cada año vierten en el territorio varias toneladas de venenoso plomo. En las zonas húmedas, la acumulación de notables cantidades de balas de plomo en el fondo de los lagos, estaños y charcas, provoca en los animales saturnismo, una grave intoxicación , peligrosa para los animales y para quien se los come.



























Cebos envenenados

Miles de animales, domésticos y salvajes, protegidos o no, mueren cada año por cebos envenenados dejados en el campo y en los bosques, una práctica bárbara, ilegal pero cada vez más difundida, en particular en algunas regiones, entre las cuales, Toscana, Umbría, Abruzos, Lacio, Emilia Romaña, Véneto, Calabria.
 
Las víctimas son perros y gatos - domésticos y libres - y animales salvajes como zorros, tejones, comadrejas, garduñas, y también muchas especies raras, como lobos, osos, águilas, halcones, búhos, lechuzas, cuervos imperiales, garduños, martas, garzas, cormoranes.

Estos cebos son también un verdadero peligro para quien piense dar un paseo al aire libre con su familia o con su proprio perro.

Los cebos envenenados se dejan sobre todo para eliminar especies consideradas "nocivas". En las proximidades de zonas faunísticas, el lanzamiento de cebos envenenados se da en primavera, periodo de repoblación, a la espera de la apertura de la estación de caza. Faisanes, sobre todo, liberados para ser asesinados por las escopetas, y tan domésticos (son todos de cría ) que consiguen a malas penas volar, como los pollos. Estos animales son "protegidos" por los predadores naturales matando éstos últimos con cebos envenenados, hasta que los animales de la reserva faunística puedan después ser asesinados en otoño por los cazadores.

La práctica de los cebos envenenados es usada también por los criadores en dehesas y campos, donde dejan caparazones de animales llenos de veneno para atraer a los lobos, zorros y rapaces. El veneno es también usado para matar perros de buscadores de trufas de propietaros competidores, animales que pueden valer hasta dos o tres mil euros.
 
Una vez dentro de la cadena alimenticia estos venenos turban el equilibrio natural eliminando en primer lugar los animales del vértice de la cadena alimenticia como lobos, águilas, etc., que tienen el papel de controlar zorros o jabalíes.

Una muerte atroz

No es posible, obviamente, conocer el número de animales salvajes muertos, seguramente altísimo, y en lo que respecta a perros y gatos sólo pocas personas presentan denuncia. Se tienen sólo datos parciales y fragmentarios, que son alarmantes. Seguramente en la región Toscana son miles, cada año, los animales muertos - 127 perros y 77 gatos sólo en la provincia de Florencia, en el 2002; en toda Italia, este número se convierte en algo espantoso.
 
Sólo quien ha visto morir a un perro por envenenamiento sabe cual es el sufrimeinto y la agonía. Es una escena terrible, que no se puede olvidar. Los venenos son numerosos y la mayor parte de éstos no tiene antídoto. La terapia es generalmente sólo de apoyo, en el tentativo de ayudar a los animales a vomitar la sustancia ingerida y a superar la fase crítica. Muchos de estos venenos actúan dejando completamente lúcido al animal, que sufre hasta el final.
 
En Calabria una manada de 4 lobos fue aniquilada por restos de ternera envenenada, y son numerosos los casos registrados también en Abruzos, y en Toscana. Decenas de buitres muertos en los Montes Lucretili, en el Lacio y en las Madonie en Sicilia, citando sólo algunos casos de las especies más raras afectadas. Un rarísimo águila real murió a causa del veneno en el oasis WWF de las gargantas del Sagitario, en Abruzos, una región donde viven no más de 10 parejas. Tenía en el buche los restos de su última comida, un zorro alcanzado a su vez por esta cadena de muerte que afecta los rincones más incontaminados de nuestro país.
 
Los cebos envenenados continúan a sembrar la muerte en nuestros campos. Mueren entre atroces sufrimientos perros y gatos, mueren animales salvajes. Se han dado casos incluso cerca de viviendas y el miedo es que de un día a otro un cebo envenenado pueda llegar a las manos de un niño. Además, poco o nada se escucha decir de este problema y nada se hace para pararlo, no obstante los cebos envenenados sean un práctica ilegal y constituya un delito penal.

Ejemplos de cebos envenenados

Los cebos envenenados toman la forma de albóndigas, galletas o restos de animales rellenos de veneno. Los cebos contienen un cocktail mortal a base de pesticidas y veneno de todo tipo: herbicida, fosfato de zinc, anticoagulante usado normalmente como veneno para ratones, hasta la potente estricnina de la que bastan 50 gramos para matar a 1000 hombres y 3000 perros cuya venta libre está prohibida por la ley.
 

La caza mata también a humanos, no sólo a animales

No sólo aves y otros animales caen bajo los disparos también los mismos cazadores o desafortunados excursionistas, son víctimas de frecuentes accidentes. En la estación de caza 2001/2002 murieron 47 personas, una media de casi 10 al mes.
Se cuentan además 66 heridos y 5 inválidos permanentes. El dato aparece en un dossier del Eurispes, publicado al día siguiente de la apertura oficial de la estación venatoria iniciada el 19 de septiembre de 2002.